* conjunto de textos elaborados entre octubre de 2009 y agosto de 2010 e inspirados en el rastro de vida anglosajona en París y su viceversa sintonía *
En 1911, el compositor estadounidense Scott Joplin, célebre por sus ragtimes, urdió sin saberlo un argumento tan universal que su vigencia permanecería intacta casi un siglo después.
'Treemonisha' fue la primera ópera afroamericana y, estilísticamente, supuso un puente entre los patrones de la música clásica y la música jazz.
Estrenada en 1915, en una sala de Harlem y con el propio Joplin al piano, la obra no volvería a rescatarse en Estados Unidos hasta mediados de los años 70. Esta resurección contempló también su primer registro fonográfico y la gran puesta de largo en Broadway con la que su autor había soñado.
La historia narra, a modo de fábula, la lucha de una mujer negra que reclama la alfabetización de su pueblo como única vía de salvación ante la exclusión social y la supeditación que sufren ella y los suyos. De alguna manera, la vida de Joplin queda plasmada en su obra ya que su formación musical la obtuvo gracias a las facilidades que le propició la familia blanca para la que su madre trabajaba.
Esta primavera la española Blanca Li fue la encargada de presentar un montaje que, por primera vez, cien años después, se escenificaba en la capital gala.
Cuando Lila Downs (Oaxaca; México, 1968) canta la versión de 'Perhaps, Perhaps, Perhaps' popularizada por Nat King Cole, a ojos desconocidos, es una expatriada que vive en Nueva York. Pero cuando entona 'La cumbia del mole', de cosecha propia, representa la voz de su comunidad indígena -los mixtecos- de Oaxaca, donde reside en periodos invernales como ahora.
Es la cara y la cruz de llevar un apellido yanqui, aunque a diferencia de muchos otros artistas crecidos a caballo entre norte y sur, ella mantiene las dos identidades con pulcritud, sin que una contamine a la otra para desgracia de esa tercera vía llamada spanglish. "Mi vida ha sido un intercambio de culturas un poco doloroso por cuestiones políticas pero enormemente rico porque el origen indígena de mi madre le da mucho sabor a mi familia", afirma con orgullo al otro lado del hilo telefónico.
La suya es una existencia tan casual como extraordinaria de la que tuvo culpa un ave migratoria. "Mi padre era cineasta y biólogo. Él seguía un pato que emigra de Canadá a la península del Yucatán y así es como conoció a mi madre, que cantaba en un lugarcito donde él se enamoró".
Sin embargo, su primer disco en directo, que ahora presenta en nuestro país, no lo ha grabado ni en México ni en Nueva York sino en París, y se forma por 15 temas escogidos "bajo el criterio exclusivo del público". 'En París' -la gira y el álbum- es un carnaval multicultural y multiinstrumental formado por nueve experimentados músicos de diferentes nacionalidades entre los que figura Paul Cohen, marido y supervisor de la carrera de Lila.
En él, esta versátil artista recoge parte de su ya extenso currículum -tiene seis discos de estudio- con un arropo masculino -todos son hombres- que subraya su atractivo azabache de hechicera ancestral: "No creo que la tradición esté reñida con la sensualidad. En Occidente se cree que si una chica porta trenzas no es sensual, pero en las montañas de Oaxaca o del Michoacán a los hombres les encantan»", afirma la misma mujer cuya necesidad biológica de ser madre se vio frustrada hace cuatro años.
El empujón para salir de aquel bache se lo dieron su compañero sentimental y sus amigos, entre los que están Bunbury y LaMari de Chambao. Ambos participaron en 2009 en su disco 'Ojo de culebra', nominado a un Grammy, que le propulsó dentro del mercado estadounidense. Allí el término latino y sus escisiones musicales se diluyen en la propia reinvención de la palabra para poder resumir una realidad compleja que supera al reino de Obama. Ella se posiciona al respecto: "No creo que la concepción de lo latino nos afecte negativamente, aunque a veces se utilice de manera política".
Ahora se divide -como de costumbre- entre norte y sur, con un proyecto para Broadway y, sobre todo, un disco de mariachis, a sabiendas del aluvión de críticas venideras por parte de quienes le reclaman su lado contestatario e indígena: "Tengo la oportunidad de hacer algo que me apasiona y, aunque haya voces disconformes, lo voy a hacer". Lo dice con tanta amabilidad y dulzura que su tono de voz lima la contundencia perpetrada por escrito. Chavela Vargas le ha cedido oficialmente el testigo; si no canta ella mariachis, ¿quién lo va a hacer?
* Entrevista por Cristina Álvarez Cañas para Metrópoli (El Mundo), 12 de marzo de 2010.